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Celebridades que usan su fama para encarnar valores ecológicos: ecocelebrities, se las llama, estrellas militantes de la tendencia ecologista que se saben influyentes y están dispuestas a aprovecharlo para el bien general. Aunque no falta quien diga que esta militancia es sólo una estrategia de marketing para mejorar su imagen personal. ¿Qué será?

La preocupación por el medio ambiente comenzó en la década de los 70. Uno de los mayores referentes fue Brigitte Bardot, quien en 1976 hizo algo que ninguna figura pública había hecho: crear su fundación en defensa de los animales y volverse vegana. Desde ese momento, renunció a cualquier tejido de origen animal para vestirse; combatió los productos elaborados mediante experimentación con seres vivos y dejó de asistir a espectáculos o estudios de filmación en los que se usaran animales. Ella comenzó una tendencia que hoy siguen estrellas como Drew Barrymore, Joss Stone, Sting, Donna Karan y Uma Thurman.

Estas celebridades decidieron cambiar radicalmente sus vidas. Comenzaron a predicar con el ejemplo; incluso protagonizaron algunas de las campañas ecologistas más importantes del mundo.

Gracias a las campañas de Alicia Silverstone, Angelina Jolie y Kirsten Dunst, cada vez son más los diseñadores y las marcas de primera línea que trabajan con tejidos orgánicos: desde Giorgio Armani y Stella McCartney hasta la popular tienda H&M. Algunas celebridades lanzaron sus propias líneas ecológicas: por ejemplo, Bono (U2), tiene una marca llamada Edun; Kate Moss, Gwyneth Paltrow, Jade Jagger y Helena Christensen diseñaron remeras cuyas ganancias están destinadas al proyecto del ex candidato a la presidencia estadounidense Al Gore para luchar contra la crisis climática.

Es difícil discernir si estas acciones son genuinas o sólo moda. Poco importa. Lo cierto es que las intenciones pasan desapercibidas cuando se trata de la divulgación de las urgencias del planeta. Como dice el dicho: es una moda que no incomoda.


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Luego de haberse sugerido con timidez, ya puede hacerse una afirmación tan estrambótica como ésta: los amish marcan tendencia. En 2006, el fotógrafo alemán Peter Lindbergh pasó dos días fotografiando modelos que vestían ropa inspirada en atuendos amish para campañas de Ralph Lauren, Giorgio Armani, Donna Karan, Yohji Yamamoto, Carolina Herrera y Calvin Klein. La noticia recorrió el mundo de la moda. Meses después la tendencia ya ganaba terreno y no con poco desconcierto se vio a estrellas de la farándula adoptar la novedad: pantalones, camisas, sacos, zapatos y sombreros, todo en riguroso negro y con los analistas del caso repitiendo la palabra “amish”.
Amish es el nombre con que se conoce a una comunidad religiosa cristiana de doctrina anabaptista, conformada por unas 200.000 personas establecidas en Estados Unidos y Canadá. Aislados del resto de la sociedad, son conocidos por su particular estilo de vestimenta y por su rechazo a ciertos elementos del mundo contemporáneo: coches, energía eléctrica, servicio militar, seguro social, subsidios estatales. La mayoría desciende de inmigrantes suizos de habla alemana; por eso tienen un peculiar dialecto alto alemán (Deitsch o “alemán de Pensilvania”). Sin embargo, los denominados “Beachy Amish”, nacidos luego de la década de 1960 y más progresistas en cuanto a sus contactos con el mundo exterior, en general hablan inglés.
La vida en las comunidades amish está reglamentada por la Ordnung, que es un conjunto de reglas no escritas pero que se aceptan estrictamente. Cada comunidad tiene su propia Ordnung, así que lo que es aceptable en una comunidad puede no serlo en otra; por eso resulta tan difícil hablar de un estilo de vida amish. Por ejemplo, mientras que algunos grupos no aceptan la electricidad en ninguna de sus formas (pues ésta podría plantear cambios en el modo de vida que intenta mantenerse), otros grupos sí emplean baterías de 12 voltios para ciertas actividades (por ejemplo, hacer funcionar soldadoras).

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La vestimenta siempre llamó la atención. Predomina en general un riguroso negro para los hombres, sea en pantalones, sacos, zapatos y sombreros; las camisas suelen ser blancas, azules o negras. Las mujeres llevan vestidos que dejan prácticamente todo librado a la imaginación, generalmente en color azul oscuro; por encima, suelen llevar delantales –generalmente en blanco o negro- y una capa de forma triangular.
Algunas comunidades tienen prohibidos los botones, y sólo permiten ganchos y ojales para mantener las ropas cerradas. Los hombres amish suelen estar afeitados hasta que contraen matrimonio, momento en que dejan crecerse la barba. Los bigotes generalmente están prohibidos por ser vistos como símbolos del militarismo (se debe a la persecución política y religiosa que sufrieron en Europa durante los siglos XVI y XVII: la nobleza y los miembros de la clase alta, que servían frecuentemente como oficiales militares, llevaban bigotes pero no barbas). En general, tiende a evitarse cualquier lujo, a mantenerse las formas simples que reflejan un modo de vida austero y estricto.
Una buena parte de las colecciones Otoño/Invierno 2007/2008 sigue el look amish: líneas sencillas y neutras, cortes simples, nada de estampados ni colores llamativos, sólo negro y azules oscuros lisos. Entre los diseñadores que están a la vanguardia de este estilo se cuentan Jil Sander, Miu Miu, Narciso Rodríguez, Bruno Pieters y Fendi.


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Kate Moss ha hecho la campaña publicitaria para Donna Karan, producida por los fotógrafos Mert Alas y Marcus Piggot. La cual fue en New York como fondo, el motivo que ha inspirado las prendas de la colección de la diseñadora neoyorkina.
Es la primera vez que Kate trabaja para la marca americana. Así que la británica, seguirá llenando su cuenta bancaria.

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